Trivialidades

Tiene un par de meses que no escribo, seguramente es debido al típico pretexto de “no tengo tiempo“, y es verdad, es un pretexto. Se lo podría atribuir a la poca inspiración, pero también sería mentirme a mi misma.

Desde que escribí Sobriedad, tengo que confesar que se me quitó un gran peso de encima. Tenía una maraña de sentimientos que no me dejaban continuar con mi vida, y curiosamente, escribiendo, desenredé la gran mayoría de ellos. Superé una relación destructiva, me reconcilié con mi mamá y decidí que en vez de esforzarme tanto por mantenerme a flote, me dejaría llevar por la marea. ¡Oh sorpresa! No me ahogué.

He aprendido que cuando uno deja de preocuparse tanto por la lista imaginaria de cosas que debemos cumplir en nuestra vida, se comienza realmente a vivir y sin querer, se cumplen muchas expectativas que teníamos. Muchos sueños que abandonamos cuando pasamos de jóvenes a “adultos”, regresan. Vivimos bajo tanta presión social, que nos perdemos a nosotros mismos.

Reencontrarse con amigos y personas que hacía muchos años no veías, conocer lugares nuevos, hacer planes increíbles cada fin de semana, hacer nuevas amistades, pasar tiempo con la familia. Cambiar a positivo todo lo que viene por delante, y cuando haya que enfrentar momentos difíciles, tener mejores armas. Dejar lo aburrido y trivial, por lo emocionante y aventurero. Lo estoy intentando. Y creo que todos deberíamos. Dejar de preocuparse por el que dirán y hacer lo que sea. ¿Tejer? No es cosas de viejos, quita el estrés y rejuvenece al alma. ¿Viajar? ¿Aprender a tocar el ukulele? ¿Salir a bailar? ¿Escribir? Solo hay que tomar la decisión de hacerlo.

Foto por Lau Ureña.

Sobriedad

Después de tanto ruido y caos en mi mente, por fin un poco de silencio. No me refiero para nada al estar en un cuarto sin escuchar nada, eso es imposible. Los sonidos son parte de nuestras vidas: pájaros, sirenas de ambulancia, conversaciones en familia y con amigos, la lluvia cayendo, música en el fondo, etc. El silencio que estoy tratando de describir con palabras se trata del tipo que se encuentra dentro de nosotros. En mi cabeza ha dejado de crecer esa tormenta que parecía eterna y ha llegado a un momento de lucidez. Sobriedad. Siento una tranquilidad que por mucho tiempo, incluso me atrevo a decir años, no sentía. Estoy lentamente comenzando a mirar el mundo como lo hacía antes de que pasaran situaciones tan extremas que, sin quererlo, me llevaron casi a la locura. Doctores y pastillas que lograron un poco de calma, pero insensibilidad al mismo tiempo. Soluciones temporales en las que tenía que abandonar mi ser sentimental por un robot más, un maniquí que siempre lleva puesta una sonrisa, pero que con la más mínima llovizna se moja y se rompe.

Hoy, me levanto por la mañana y veo luz y tantas opciones de todo. Mi pecho siente esas cosquillas de volver a investigar, leer, hacer y descubrir todo. Y después de una taza de café, la vida se ve tan maravillosa como realmente es.

“From Eden”

Cuando una canción suena a una persona, la letra la describe a la perfección, incluso la melodía te recuerda sus movimientos, sus gestos y su manera de actuar. Cada nota de la canción es un paso, una mirada, un roce. La piel áspera se siente en el tono grave de la voz. Percibes que lo tienes a un lado, hasta volverte porque crees haberlo visto de reojo. Pero es una ilusión creada por una canción, por la letra. Una armonía que da vida a un personaje extraño e increíblemente familiar al mismo tiempo. Te enseña el temor de tocar a esa persona por primera vez. De sentir su aliento caliente, húmedo, cercano. El sentimiento es tan poderoso que desgarra el alma y te vuelves vulnerable, casi hasta besarle.

Pero no, hace mucho que ya no está. Solo queda su recuerdo y esa canción… 

Texto inspirado por la canción “From Eden” – Hozier.

Llorar.

Yo siempre he sido del tipo de persona que llorar le resulta fácil. Una película animada… lloro. Un libro muy bueno… lloro. Una canción con una letra impresionante… lloro. Hasta el día de hoy y desde antes de Navidad, ni una gota. Después de una de las más grandes decepciones de mi vida, claro que lloré. Pero lloré de rabia y enojo. Y luego, nada. Ni una gota más. Es como si de repente me hubieran cerrado la llave y no pudiera llorar más. Tuve el periodo de sequía más largo de mi vida. Hasta el otro día que te pensé. Te recordé como eres y como éramos y no me quedó otra opción más que llorar. Un poco, y discretamente. ¿Será que ya te perdoné? ¿Será que ya poco a poco he ido sanando? No lo sé, pero llorar sana.

El regreso a la #CDMX

Tengo que aceptar que el regreso no ha sido nada fácil. Mucho ha sido mi culpa, por las circunstancias emocionales en las que me encontraba, pero la gran ciudad tampoco me ha puesto un camino fácil.

Después de casi tres años fuera de mi país natal y viviendo en la Madre Patria, me desacostumbré a lo que implica vivir en una de las ciudades más grandes y caóticas del mundo. Antes de irme yo creí que vivía muy feliz, pero me estaba autoengañando. La realidad es que vivir en una ciudad tan gigantesca te aísla, te vuelve viejo y te priva de muchas cosas que son importantes para una “buena calidad de vida”.

Voy a explicarlo de manera inversa. Desde que regresé a la Ciudad de México he dejado de hacer varias cosas que ya se habían vuelto parte de mi rutina diaria. Les dejo la lista:

  1. Andar en bicicleta.
  2. Caminar casi a todos lados, supermercado, universidad, biblioteca, cafetería, fiesta, casa de mis amigos, etc.
  3. Pasar de una hora a dos en mi cafetería favorita.
  4. Ir al parque o a la plaza a leer.
  5. Tomarme un café con amigos, aunque fueran rápidos de 15-20 minutos.
  6. Terminar el día e ir a tomar algo con alguien, o sola.
  7. Ir al mercado el fin de semana.
  8. Pasar por la panadería y comprarme algún antojo si en el bolsillo traía cambio suficiente.
  9. Salir de fiesta, sin importar el día de la semana.
  10. Ir al gimnasio a nadar o hacer algo de cardio y no tardarme más de dos horas, incluido ida, regreso y baño posterior al ejercicio.
  11. Hacer todos los pendientes como ir al banco, al supermercado o alguna compra especial en menos de una hora.

En fin, prefiero no seguir. Nada más con pensar en el tráfico para ir a cualquier lugar, me agobio.

Primera entrada de blog

Este blog será para desahogar mis pensamientos por medio de la escritura. Es un experimento en el que yo escribiré sobre mi vida, el mundo en el que vivo y todas las experiencias que he tenido y pienso seguir teniendo.

Me he dado cuenta que últimamente me sorprendo a mi misma teniendo discusiones mentales muy fuertes o no, y me gustaría compartirlas con todos ustedes, mis lectores. Quiero que me den sus opiniones, comentarios o lo que sea que también ustedes quieran escribir. Como he mencionado, es un experimento en el que lo más importante es tener la libertad de escribir lo que sea.

¡Bienvenidos! ¡A escribir!