Llorar.

Yo siempre he sido del tipo de persona que llorar le resulta fácil. Una película animada… lloro. Un libro muy bueno… lloro. Una canción con una letra impresionante… lloro. Hasta el día de hoy y desde antes de Navidad, ni una gota. Después de una de las más grandes decepciones de mi vida, claro que lloré. Pero lloré de rabia y enojo. Y luego, nada. Ni una gota más. Es como si de repente me hubieran cerrado la llave y no pudiera llorar más. Tuve el periodo de sequía más largo de mi vida. Hasta el otro día que te pensé. Te recordé como eres y como éramos y no me quedó otra opción más que llorar. Un poco, y discretamente. ¿Será que ya te perdoné? ¿Será que ya poco a poco he ido sanando? No lo sé, pero llorar sana.

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